domingo, 16 de septiembre de 2012

SEÑOR, ¿USTED SABE QUIÉN ES EL "PELAO" DE LA FOTO?

Señor, ¿usted sabe quién es el "pelao" de la foto?

Alejandro Hernández debió salir, en 2005, de Toribío, Cauca, luego de una incursión guerrillera. Años después, revivió su historia gracias a una fotografía que vio durante una visita a El País.
Por David Alejandro Hernández Banguero
Estudiante de la Institución Educativa Técnica Industrial Comuna 17
Participante de Prensa Escuela


Todo comenzó el viernes 5 de diciembre de 2008, en la visita que hicimos a las instalaciones del periódico El País, con el grupo de Prensa Escuela. Mientras observábamos una pared donde estaban las fotografías más impactantes, vi una imagen que se me hizo familiar. Me acerqué y le pregunté a uno de los fotógrafos:

— Señor, ¿quién tomó esta foto?
— Yo, ¿por qué?, me respondió Oswaldo Páez, el editor de fotografía del diario y también docente y estudiante de la Facultad de Comunicación de la Universidad Santiago de Cali.
— ¿Usted sabe quién es el pelao de la foto, el que tiene el pelo amarillo y está de espalda, junto a otras personas?
— No, la verdad no sé quién es.

Su respuesta no me sorprendió, pero la mía sí lo dejó pálido:
— Ese niño que está en esa foto soy yo.

Mi amiga María del Mar Giraldo, que conoce mi historia y sabe que yo había vivido en Toribío, Cauca, fue la que me dijo que entre las fotos había una que a mí me gustaría ver.

Me reconocí de inmediato, volví a ver a muchos de mis amigos. Me dio algo de nostalgia, pero me sentí bien.
¿Usted también estuvo ese día en Toribío?

Hablando con Oswaldo, me contó que presenció algunos momentos de la toma guerrillera a Toribío, ese 14 de abril de 2005. Yo tenía 11 años.

Recuerdo que mi escuela, la Institución Educativa Toribío, que queda al frente de mi casa, estaba totalmente invadida por miembros de la Columna Móvil Jacobo Arenas. Una guerrillera, con un megáfono, decía que por “el bien del casco urbano de Toribío, la policía debía entregar las armas”.

Mientras tanto, de la casa del señor Braulio Mendoza ubicada al frente del parque, salían llamas que alcanzaban los tres metros de altura.

Mi mamá, Ana Cristina Banguero, junto con mi padrastro, Alexander López Ortiz, el señor Saulo Chaguendo y los docentes Édgar Pavi, Yimer Pavi y Nelly Pechené salieron con una bandera blanca suplicando a gritos que por favor no lanzaran más cilindros-bomba a las viviendas, pero los guerrilleros hicieron caso omiso.

Este grupo de personas continuaron hacia el parque, pero al pasar por la casa del señor Orlando Fajardo, donde varios policías habían instalado una trinchera, un tiro disparado por la guerrilla impacto en la pantorrilla de la pierna izquierda de la docente Nelly Pechené.

Por esto, el profesor Yimer, esposo de Nelly, y su cuñado, Edgar, debieron cargarla para llevarla al hospital.

El resto del grupo llegó hasta la casa que estaba ardiendo para intentar apagarla, pero era imposible porque el fuego se había propagado a los solares de las viviendas vecinas.

Cuando mi madre ingresó a la casa, en la parte de atrás se escuchó una gran explosión, seguida de llantos y gritos. Mi mamá salió corriendo a mirar qué había sucedido, cuando vio dos civiles heridos y tendidos en el piso, afuera de nuestra vivienda, que fueron alcanzados por las esquirlas de una granada de fabricación casera, la cual no alcanzó a caer al piso por que un perro saltó y la atrapó, confundiéndola con una pelota, y la hizo detonar.

"Que salgan todos de aquí"


Dos de los heridos fueron don Argemiro Yalanda, que tenía una fractura en el cráneo, y su sobrino Álvaro Yule, quien tenía una herida muy profunda en el abdomen.

Mi mamá, de inmediato, tomó una cobija, la puso en el piso, improvisó una camilla y pidió ayuda para mover a don Argemiro, que era el más grave. Entre varias personas lo llevaron al hospital.

Pero cuando mi mamá regresaba, uno de los insurgentes se dirigió a ella y le dijo:

— Usted, que es la autoridad, sáqueme a toda esta gente de aquí (señalando la cuadra donde estaba el Banco Agrario), porque venimos preparados para ´voliar´ plomo tres días.

Entonces, mi madre le dijo a mi padrastro que se fuera con mi hermana Heidy Tatiana y conmigo para el hospital.

En el camino pasó un cilindro-bomba por encima de nosotros. Mi hermana se desmayó, pero a los pocos segundos reaccionó y continuamos hacia el hospital.

Con una bandera blanca, mi madre se fue de casa en casa evacuando las familias para el hospital, que era el lugar más cercano y se suponía que el más seguro.

Después de esta tarea, ella regresó al hospital y se encontró con la trágica noticia de que un menor de 9 años de edad había sido impactado por un tiro de fusil en la frente mientras intentaba cubrirse del ataque al interior de su hogar.

Mi mamá realizó el levantamiento del menor, porque ella era la Inspectora de Policía y Tránsito de Toribío. Luego se fue a acompañar a un alguacil del cabildo, que había dejado sus tres hijos solos en una vivienda, al otro lado del pueblo.

Cuando regresaron con los menores al hospital, se encontró con la noticia de que mi hermana había sido alcanzada por una ojiva, calibre punto 50, en el brazo derecho, la cual ingresó por el techo del hospital.

El proyectil provenía de un helicóptero del Ejército que sobrevolaba el área del hospital, ya que atrás de éste se encontraba un grupo de subversivos con uno de los cañones con los cuales lanzaban los cilindros-bomba.

En vista de que el hospital no era seguro, reunieron a todos los menores en el único cuarto del hospital que tenía plancha. En esa habitación había unas ventanas que podrían explotar por las ondas explosivas y herirnos con los vidrios.

Exactamente en ese punto fue donde Oswaldo tomó la fotografía. En el hospital, trescientas personas fueron alimentadas y atendidas con unos víveres e implementos de aseo personal que mi madre consiguió en una tienda.

En el barrio El Coronado había ocurrido otra explosión, la cual dejó más de 20 civiles heridos. A medida que pasaba el tiempo llegaba más apoyo de la fuerza pública.

Mi hermana fue remitida al hospital de Santander de Quilichao, junto con la profesora Nelly Pechené y el resto de heridos, ya que todos presentaban gravedad porque las esquirlas de granadas estaban contaminadas con excretas humanas, estiércol de cerdo y cianuro, esto provocó que se infectaran y les diera peritonitis.

Algunas personas retornaron a sus hogares; sin embargo, los hostigamientos continuaron por varios días.

En esa toma, murieron Yorman Tróchez (el niño de 9 años de edad), un suboficial y un policía. Además, fueron destruidas siete viviendas y 20 más quedaron seriamente afectadas.

Dos días después, durante uno de los hostigamientos, mataron a otro oficial y a un policía dentro de la trinchera ubicada en la casa del señor Orlando Fajardo.

Por todo esto, cuando María del Mar me tomó del brazo y me paró justo en frente de la fotografía, se me vinieron muchos recuerdos a mi mente. Recordé a mis amigos, volví a tener la imagen de mi mamá pidiéndoles a los vecinos que salieran de sus casas y se refugiaran en el hospital. Volví a sentir a qué olía Toribío.

Ese día, cuando supe quién había tomado una fotografía que sirvió para que la gente se enterara de qué había pasado en mi pueblo, recordé aquellos momentos que espero no volver a vivir. (Hernández: 2008)

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